El ser humano se encuentra permanentemente atrapado entre lo visible y lo invisible.
Mi práctica artística nace de la intuición como forma de conocimiento y del arte entendido como un camino de vida.
EMISPHERE: Emi–Sphère, esfera y hemisferio de Emilie. El entre dos, donde el humano se encuentra, entre cielo y tierra, invisible y visible, en lo macro y lo micro, luz y oscuridad, real e irreal, el mundo externo y mundo interno. El círculo y la esfera son unas formas recurrentes en nuestro mundo. El movimiento circular sin principio ni fin.
El grabado como un espacio que permite posibilidades infinitas texturas y composiciones. Las ilusiones ópticas contribuyen a esas incesantes interrogaciones: ese cuestionamiento del mundo y de la forma singular en que todos lo percibimos. Confrontar universos, realidades y culturas diferentes permite redefinir los límites de la percepción.
A lo largo de mi recorrido, el grabado y la pintura no han sido solo técnicas, sino territorios de exploración donde el cuerpo y la memoria dialogan, desde el misterio de la historia del mundo hacia el misterio de la historia personal.
Aravesado por recuerdos, traumas y silencios que no me pertenecen únicamente a mí, sino a mi linaje ancestral. Me interesa investigar los procesos transgeneracionales, aquello que se hereda sin palabras.
El grabado, con su gesto repetitivo y su relación con la huella, la matriz y la presión, aparece en mi práctica como una metáfora de la memoria heredada y de aquello que se imprime en la historia colectiva y familiar. La pintura, en cambio, se despliega como un espacio de mayor fluidez e intuición, donde el color y la materia permiten que lo invisible se manifieste con mayor libertad.
Mi obra se sitúa en el umbral entre el mundo visible y el mundo invisible, entre lo consciente y lo oculto. A través de procesos intuitivos y corporales, busco dar forma a aquello que no ha sido nombrado: las presencias ancestrales, las heridas heredadas, las memorias que insisten en aparecer.
El árbol genealógico una cartografía sensible y emocional, un entramado de raíces que atraviesan el tiempo, el cuerpo y la historia. Cada obra funciona como un acto de escucha, donde el arte se convierte en espacio de revelación, cuidado y permanencia.
La creación artística como un gesto de reparación simbólica. No desde la idea de una sanación total, sino desde la posibilidad de reconocer, habitar y dar lugar. Mi práctica propone el arte como puente y como testigo de aquello que necesita ser visto para descansar.
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